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Tras el muro: un
baile de trajes
Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Cortesía del entrevistado
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Estábamos en uno de los dormitorios de
un típico apartamento del municipio de Centro Habana, entre el Parque
Monumento a los Mártires Universitarios y el torreón de san Lázaro.
Desafiando la ley física de que dos cuerpos no pueden ocupar, al mismo
tiempo, un mismo lugar en el espacio, en apenas 20 metros cuadrados
poblados de desorden se daban de narices un armario, dos camas
personales, una mesa de noche, y una cómoda. Christoph Wiesner (Alemania,
1976) —Chris para sus amigos cubanos–, joven alumno del noveno
semestre de Ciencias Sociales de la Universidad de Frankfurt del Main
«Johann Wolfgang Goethe», y estudiante de varias materias durante el
curso académico 2002-2003 en las facultades de Economía, de Filosofía
e Historia y de Artes y Letras de la Universidad de La Habana (UH),
compartía la pieza con una holandesa. Detrás de la puerta de entrada,
y en las portezuelas del armario, figuraban láminas con las efigies de
Ho Chi Minh, Mao Se Thung, Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir
Ilich Lenin y el guerrillero Ernesto Che Guevara. «Son personajes muy
amables», dijo él en «germañol», y sonrió. «Pero también muy grandes,
no caben aquí», jaraneó Alma Mater.
Cuando en noviembre de 1989 comenzó la demolición del Muro de Berlín,
ocaso del socialismo real (este-europeo), Chris contaba apenas 13 años,
cursaba el séptimo grado, vivía en la República Federal de Alemania (RFA,
conocida por Alemania Occidental), y no tenía conciencia política. Hoy,
13 años más, milita en la Freie Deutsche Jugend, Juventud Libre
Alemana –famosa por las siglas FDJ–, integra el Comité de Relaciones
Internacionales de su Consejo Central, donde responde por América
Latina, defiende las conquistas de la Isla, y para el día de la
entrevista venía de la XVI Asamblea de la Federación Mundial de
Juventudes Democráticas (La Habana, marzo de 2003) y cursaba aquí las
asignaturas de Literatura Latinoamericana, Economía Cubana, Leninismo
y Teoría e Historia del Socialismo. Solo una de las dos últimas le
convalidarían en su universidad de origen. Las otras las matriculó
para escribir mejor su tesis de grado sobre el proceso de
rectificación de errores y tendencias negativas iniciado en Cuba en
1986. Ese fue el motivo por el cual nos visitó, entre enero y
septiembre, ahora por cuarta vez, y nos dio la posibilidad de
asomarnos a la última gran conquista territorial germana: Alemania
Oriental.
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Heredera forzosa, «a
dedo»
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La reunificación alemana –Chris y la FDJ la llaman
«anexión de la RDA (República Democrática Alemana, 1949-1990) por la RFA»–
estuvo acompañada de una cruel expresión de sentimientos xenófobos y
acciones antisemitas perpetradas por organizaciones de extrema derecha y
grupos nazis. En Hoyerswerda (Sajonia, septiembre de 1991), los «cabezas
rapadas», apoyados por vecinos, incendiaron un hogar de obreros inmigrantes
donde residían mozambiqueños y vietnamitas. Un año después, en Rostock (Mecklenburg-Pomerania,
agosto de 1992), elementos fascistas, sostenidos por cientos de habitantes,
destruyeron durante cinco noches otra residencia de trabajadores emigrados.
Ese mismo mes, el memorial del Holocausto de Tiergarten Park, en Berlín, fue
destruido por una bomba. Cuatro meses más tarde, en Mölln
(Schleswig-Holstein, noviembre de 1992), tres personas de origen turco
murieron en incendios de estirpe criminal, y aquí mismo, en mayo del 93,
bombas incendiarias lanzadas contra la casa de una familia turca mataron a
cinco personas, entre ellas una mujer y dos niños. La actitud tolerante o
cómplice de la Policía y de instituciones y gobiernos federales, estimuló el
«destape».
—Los sucesos fueron un choque para mí –declaró Chris–. «Esto no puede seguir
así», me dije, y sentí necesidad de involucrarme en la lucha política. De
tal manera, luego de los hechos de Rostock, me sumé (con 15 años) al
movimiento estudiantil de la enseñanza media contra lo que hoy llamaríamos
terrorismo racista de Estado, y milité en la Iniciativa para la Unificación
de la Juventud Revolucionaria, organización apegada a la tradición de la
FDJ. Dos años más tarde ingresé en esta última.
Fundada por jóvenes perseguidos por el fascismo hitleriano residentes en
París (1936), Praga (1938) y Gran Bretaña (1939), la FDJ se propuso unir a
la juventud alemana en la batalla contra Hitler. Tras la caída del Tercer
Reich se extendió a todo el país. Sin embargo, después de la división
territorial, progresó de modo diferente en cada uno de los dos Estados
alemanes. Si bien en la Alemania Oriental constituyó una organización
integrada por la mayoría de los jóvenes, a los que intentó educar en un
espíritu de internacionalismo, en la Alemania Occidental fue decretada
ilegal en junio de 1951, durante el gobierno de K. Adenauer [primer
canciller federal (1949-1963) luego de la II Guerra Mundial], cinco años
antes de que se decretara la ilegalidad del Partido Comunista Alemán. (Ambas
prohibiciones se mantienen hasta nuestros días.)
—Tiempo después, cuando en 1990 la RFA se engulló a la RDA, aquella se
propuso destruir las organizaciones de esta. Pero la FDJ, enraizada en
Alemania del Este, sobrevivió al derrumbe, y aunque su militancia estuvo
decreciendo hasta 1992, a partir de ese año, y hasta hoy, permaneció estable.
En la «reunificación», el gobierno federal cambió su método usual de
lucha contra la FDJ –el recurso de ilegalidad– por otro más sutil: la
asfixia económica. Se conocen los frutos de la Treuhandanstalt (en lo
adelante Treuhand, Sociedad Fiduciaria para la Privatización de los Bienes
de la ex República Democrática Alemana), empresa que privatizó, reprivatizó,
permitió la absorción o cerró, entre marzo de 1990 y diciembre de 1994, más
de 23 mil empresas de Alemania Oriental, dejó sin trabajo a millones de
alemanes del este y entregó los restos de la economía socialista a
inversores oestealemanes. Las organizaciones políticas y de masas corrieron
igual suerte. La FDJ no solo perdió todas sus propiedades, sino que en
varias ocasiones, por los motivos más arbitrarios, se le ha exigido el pago
de millones de marcos a diferentes instituciones. Colocada entre la espada y
la pared, sobre ella se ha cernido con inusual persistencia la amenaza de
una fraudulenta quiebra. No obstante, ha sabido resistir los intentos de
destruirla por la vía económica.
—Jóvenes de Alemania Occidental ingresamos en 1994 a la organización y
fundamos grupos en las grandes ciudades de la antigua RFA. Yo tenía entonces
18 años y solo cuatro años después ingresé en la Universidad. Durante este
tiempo la represión creció. Durante las manifestaciones la policía suele
confiscarnos nuestras banderas o prohibirnos usar camisetas con nuestro
logotipo. En febrero de 2003, días antes de la apertura de nuestro congreso
nacional, irrumpió en las casas de los líderes y retuvo desde ordenadores
hasta disquetes, una impresora y otros materiales. Para el Ministerio del
Interior alemán la FDJ sigue siendo ilegal en el antes territorio de la RFA,
y legal, con mayúsculos obstáculos, en la zona de la otrora RDA, prueba de
la paradójica existencia de dos países diferentes dentro de un mismo régimen.
Hay una sola FDJ, pero la militancia en ella permanece regida por
legislaciones opuestas. Para «respetar» la «legalidad», los jóvenes
oestealemanes que pertenecemos a la organización decimos que integramos «la
FDJ de la RDA», pero la RDA es un país que jurídicamente ya no existe: he
ahí el absurdo.
Capital curado en
tercio y quinto
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Un fragmento del Muro de Berlín fue
dejado en pie, como «recuerdo». Por los días del ataque a Yugoslavia
manos clandestinas escribieron sobre él: «Esta frontera impidió que
marcháramos juntos a la guerra contra otros pueblos.» La consigna
expresa el vínculo entre la anexión de la RDA por la RFA y la
creciente agresividad del imperialismo alemán.
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Con esos modos es
imposible descubrir en Chris a un ciudadano proveniente de una nación
unificada. Las frases de su discurso tienen el sujeto anclado en la RFA y el
predicado en la RDA. Los no alemanes debemos esforzarnos para comprender por
qué al hablar de su patria constantemente se refiere a «dos partes». ¿Cómo
probar, con hechos, que en octubre de 1990 comenzó la anexión y no la
reunificación? Navegando en ese mar disparatado, regido por la ley del
mercado, descubrimos una perogrullada.
—Por intermedio de la Treuhand, el 95 por ciento de la propiedad
estatal del otrora país del este puesta al servicio de la «unificación», con
un valor de más de un billón de marcos (más de 500 mil millones de dólares),
fue a parar a manos de capitalistas oestealemanes. El resto pasó al dominio
del capital extranjero o apenas mantuvo su anterior pertenencia. Los
capitalistas de Alemania Federal sacaron gran provecho, obtuvieron una
ganancia récord en los primeros años que siguieron a la caída del Muro. Con
todo, hacia 1992 la producción industrial había bajado en dos tercios del
total alcanzado en 1989 (ahora alcanzaba el 33 por ciento de los niveles
habituales), y de los 3,2 millones de trabajadores del sector, unos 2,5
millones (más del 78 por ciento) habían sido despedidos. La
producción de papas (alimento básico en los países templados)
decreció en un 32 por ciento, y la del trigo en un 83 por ciento. El número
de cabezas de ganado porcino bajó en un 51 por ciento, y el de ganado vacuno
en un 74 por ciento. Son cifras de 1993 comparadas con las de 1989. Se trata
de una de las mayores destrucciones de riquezas de la Historia en tiempos de
paz. Jamás se vio algo semejante, ni en los tiempos de la Gran Depresión (crisis
económica mundial iniciada en 1929). Desde 1997, la tasa de crecimiento
del Producto Interno Bruto (PIB, valor total, anual, de la producción de
bienes y servicios) alcanzada en la zona de la antigua RDA se mantiene
inferior a la registrada en los límites de la RFA precedente. La realidad
objetiva confirma la permanencia de dos países, aún cuando esta certidumbre
no encuentre reflejo en la psicología de muchos. Si la mayoría del pueblo
alemán pensara así, no habríamos rodado tan bajo.
—¿Otro tanto sucedería en el terreno cultural?
—Sin duda. En la antes Alemania Democrática se cerraron unas 360 escuelas de
enseñanza primaria, secundaria, técnico-media y preuniversitaria y 41 mil
maestros, de un total de 170 mil, perdieron su empleo. Uno de cada dos cines
fue clausurado (el 50 por ciento de las salas cancelaron sus funciones), e
igual suerte corrió una de cada cuatro bibliotecas, por lo que se perdieron
casi 15 mil locales y se quemaron toneladas de papel en libros de Marx,
Engels, Lenin, y de ciencias sociales y políticas. Según la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) hoy
se calculan 4 millones de analfabetos en la nueva Gran Alemania.
—¿Cuál sería el primer fruto de la reunificación alemana en el campo
social?
—Es un producto tan viejo como el capitalismo: el desempleo. En el
territorio de la RDA anexada su tasa oficial llegó al 14 por ciento en 1995
y siguió creciendo hasta alcanzar el 19,9 por ciento en febrero de 2003. En
esta última fecha, no obstante, en la parte occidental, la cifra rondaba
casi 11 puntos menos (9 por ciento). La diferencia se enmascara cuando se
anuncia que la actual tasa de desempleo en la hoy República Federal de
Alemania es de 11,3 por ciento. Presentada así es imposible percibir la
desigualdad entre las partes.
Barbarie avisada
mata soldados
—Los desempleados en todo el país suman ahora los 4,7 millones de
trabajadores (es la cifra oficial, pero se rumora que debe ser el doble),
mas si tenemos en cuenta a sus familias, hasta unos 20 millones de
ciudadanos resultarían afectados. También denunciamos la ruina de las
condiciones de trabajo, el aumento de la intensidad de la jornada, la
violación del Derecho Laboral, el ataque contra los sindicatos, la
proliferación del prestamismo (alquiler, por parte de una empresa, de los
trabajadores de otra) y los trabajos forzados, recuerdo de las épocas más
oscuras de nuestra Historia.
—¿Cuál es el estado de la vivienda?
—Empeora: de un total de 80 millones de habitantes, casi medio millón carece
de ella. En ese medio millón cada quinta persona es un niño o un joven. En
el invierno de 1997 murieron de frío 27 personas. Mientras existió
oficialmente la RDA y la competencia con el campo socialista, el capitalismo
oestealemán se vio precisado a mantener ciertos niveles de bienestar social.
En cambio, tras la caída del Muro de Berlín, la gran prensa llegó a pregonar
con pasmosa franqueza: «Ahora, luego del derrumbe del socialismo real,
podemos barrer los últimos restos del sistema social.»
Tierra de segunda categoría dentro de la gran Alemania. Sustancia ora
dudosa ora evidente. Imagen de lo que fue y no es. Futuro incierto. Eso es
Alemania del Este: un país fantasma en opinión de Chris. ¿Y la reunificación?
La reunificación es una farsa, una fábula, un desfile de carnaval al que el
capital oestealemán asiste disfrazado de Abuelita.
—Mis juicios se corresponden con las acusaciones que dirige la FDJ –la única
organización política que conservó intocables su nombre, sus símbolos y sus
fundamentos ideológicos tras la caída del Muro– contra un gobierno que
coloniza una parte de su propia tierra. No solo censuro los frutos de la
anexión de la RDA en los campos social, cultural y económico, sino las
consecuencias políticas del retorno de la gran Alemania, léase el terrorismo
racista de Estado y la militarización de la sociedad. El imperialismo alemán
se ha convertido en nueva amenaza para Europa del Este y para la paz mundial.
Tal vez esta no sea una percepción generalizada, y menos en la antigua RFA.
¿Cuántos lo sentimos así? Bueno, sinceramente somos pocos los que venimos
luchando «en las entrañas del monstruo». Es cierto que en 1989, antes de la
«anexión», la FDJ de la vieja RDA tenía unos dos millones de militantes,
pero no todos poseían una conciencia revolucionaria. Ahora no somos muchos
los que pensamos de ese modo, sin embargo, con una conciencia política clara
y firme a lo mejor importamos más que aquellos dos millones juntos...
—De tal manera, ¿qué significa para los de la FDJ visitar Cuba?
—Es un honor y una posibilidad única convivir con sus jóvenes, ver con ojos
propios la realidad. El pueblo cubano es muy revolucionario, lo comprobé el
primero de mayo. Esa mañana, en la Plaza José Martí, más de un millón de
patriotas respaldaron su proyecto político. Yo estuve con los alumnos de la
UH. Nos reunimos a las tres y media de la madrugada y permanecimos en la
Plaza hasta el final del acto, sobre las 11 de la mañana, desafiando la
lluvia, aplaudiendo el discurso de Fidel y los mensajes de luchadores
sociales, dirigentes sindicales e intelectuales. Ningún estudiante se
ausentó o se marchó. Para nosotros, y para todos los revolucionarios, Cuba
no solo sigue siendo un baluarte de «Nuestra América», como lo previó el
Apóstol, sino un baluarte mundial contra el imperialismo. La batalla de
ideas librada por Cuba es causa de esperanza para todos. La única opción es
defender y perfeccionar el socialismo. La real magnitud de este viejo dilema
fue planteada hace años por la luchadora alemana Rosa Luxemburgo (1871-1919)
en su ya famosa alternativa histórica: «Socialismo o barbarie.» Los pueblos
sabremos elegir...
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